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Lectura y discurso

Wednesday, November 2nd, 2016

Hay quienes son entendidos por sus escritos y otros por sus discursos. En la mayoría de los casos el orador llega más al corazón. En tanto el escritor apunta más a la razón.

Lo que se escribe o simplemente se proclama llega con distinta intesidad para quién lee o escucha. La intensidad de la voz y los gestos van más al corazón que al intelecto. El que lee pasa más por el análisis que por la emoción. En una primera lectura la emoción puede invadir al lector. Pero una segunda lectura determinará el grado de emoción o de razón. Quién escucha un discurso puede quedarse con una parte y olvidar el resto, o todo.

Jesús y Marx son un ejemplo de oralidad y escritura. Marx cautivo con lo escrito. Jesús atrajo a sus fieles con la palabra. Sin embargo, el primero propagó sus ideas mediante la encendida oratoria de Lenin. Mientras que Jesús triunfó con lo escrito por los evangelistas.

Tesoro enterrado

Friday, August 19th, 2016

Tesoro escondido

Marx decía como aforismo: Que hay hechos en la historia que se repiten. Pero con una diferencia: La primera como tragedia, la segunda como farsa.

En la Historia Argentina de Levene se refiere a la siguiente anécdota ocurrida en 1814 en Potosí ocupada por el ejército del Norte al mando del Gral. Juan Arenales y el Gral. Ignacio Warner. Dice los siguiente: …fuese preocupación de los jefes  y la ocupación de todos la búsqueda de los “tapados”. Así se denominaban en el Perú los tesoros ocultos por los adinerados propietarios en excavaciones secretamente hechas ex profeso. Y citando las Memorias del Gral. José María Paz, agrega: “El único tapado que se descubrió y extrajo, perteneciente al rico capitalista Achával, importaba más de cien mil duros, de los que tres cuartas partes eran monedas de oro sellada y tejos de oro. Este caudal que se encontró a granel en un socavon hecho en un casa  y después cubierto con tierra…” Más adelante añade: La búsqueda de tapados originó un sistema de comisionistas destinados a averiguar su presunta ubicación y al mismo tiempo provocó el desarrollo de insospechadas actividades detectivescas que hubiese para comprobar las denuncias. Muchas veces los resultados parecieron una burla. Como por ejemplo: “tres jefes de un batallón emprendieron el negocio en amistosa sociedad; después de mil trabajos de muchas precauciones y de infinitas diligencia supieron de un depósito que había en cierta casa… Tras de hacerla desalojar, instalarse en ella y proceder a la excavación, se encontraron con una abundante librería que el prófugo dueño había querido ocultar; los jefes “no eran afectos a la lectura y tuvieron que maldecir su hallazgo, haciendo después broma y farsa ellos mismos”.

Pero, en este relato, tenemos una perlita. Paz dice: “Una tarde fueron comisionados los jefes de mi regimiento para ir a los conventos de Santa Clara y Santa Mónica, en Chuquisaca, a registrarlos (después de allanada la clausura por la autoridad competente) para extraer las alhajas y efectos de toda clase depositados… Muy luego se vieron los efectos de este desorden, pues algunos oficiales subalterno empezaron a gastar un lujo desproporcionado a sus haberes…”

 


[1] (Dibujo de propiedad de: http://es.paperblog.com/lo-que-significa-sonar-con-tesoros-escondidos-o-enterrados)

Sin destino manifiesto

Friday, June 5th, 2015

Desde los albores de la Revolución de Mayo fuimos un país sin destino manifiesto. Nos debatimos derramando sangre entre el Tirano Federal y el Salvaje Unitario. Por un breve lapso, que en la historia de nuestro país son sólo una página, y que va de los años ochenta del siglo XIX hasta bien entrado los años treinta del siglo XX, logramos convertirnos en un pujante país en que las masas hambrientas de inmigrantes del mundo venían a integrarse a nuestra Nación. Sólo dos países de América atraían por sus virtudes y aún con sus defectos a una mayoría de inmigrantes: Los EE: UU: y Argentina.

Pero este hecho fue un soplo en nuestra historia. Los hijos de inmigrantes, el noventa por ciento de nuestra población, como bien lo describe Florencio Sánchez en “M’hijo el dotor” pierden conciencia de ciertos límites, y justifican el engaño y la irresponsabilidad. Muchos, como Isidoro Cañones, la genial creación de Dante Quinterno, solo buscan la ventaja, el facilismo, e idiológicamente, para justificarse resucitan al Tirano Federal y el Salvaje Unitario  bajo otros nombres como imperialismo Vs. Populismo. La culpa de nuestra decadencia no es de nadie. O es de oscuras conspiraciones.  Pero al final sin un destino manifiesto. Sin proyectos de Nación,

Culpables somos todos los que habitamos este suelo. Seguimos los cantos de sirena de políticos corruptos, ineficientes. Y en algunos casos ignorantes o inmorales.

Pero cómo revertir esto?

Nacemos para morir…

Sunday, May 24th, 2015

He oído decir que nacemos para morir. Y que la muerte es apenas una frontera delgada que se cruza en una fracción de segundos, y sin regreso[1].

Pero entre ambos extremos, la vida y la muerte, hay un camino que parece muy largo cuando se comienza, y advierte que es muy corto cuando finaliza. Es un viaje que debemos recorrer para llegar a nuestro fin. Desde luego nadie tiene apuro en recorrerlo.

Es un viaje interior y exterior. El interior es más arduo. Nuestro viaje puede ser una simple caminata con anteojeras, lo mismo con una venda, también a la manera del siglo XXI con auriculares prendido a nuestro Smartphone. O podemos hacerlo con los sentidos abiertos a lo que nos rodea. En este estado el camino exterior atrapará todo lo que nos rodea y que nuestra senda interior analizará y guardará en el archivo de nuestra memoria para ser usado en todo momento a lo largo de nuestro viaje. Cuanto más rica sean nuestras vivencias a lo largo del recorrido, más rico y placentero será nuestro viaje. Más aprendemos, menos errores cometemos durante el recorrido. Unas frases inscriptas en el portal de una iglesia de Baltimore nos guiará en el viaje: Anda plácidamente entre el ruido/ y la prisa, y recuerda que paz puede haber en el silencio… /y mantén en la ruidosa confusión paz con tu alma…[2]

Al final del viaje quizás nos preguntemos: ¿De qué ha servido este viaje si hemos venido al mundo desnudos y lo dejamos de igual modo? No lo sé. Pero así como los filosofos dicen que la materia no perece sino que se transforma en millones de átomos que forman una nueva materia. Así nuestra experiencia del viaje enriquecerá a los que vienen detrás.

Y para cerrar permítanme señalar que un loco que llamaban socarronamente El caballero de la Triste Figura en el siglo XVII hizo tres viajes por Extremadura y cuyos ecos aún se oyen en nuestro tiempo. Decía el escudero del hidalgo de cabeza en las nubes que en el viaje es como el juego de ajedrez, mientras dura el juego cada pieza tiene su particular desplazamiento. Pero que acabando el juego todas las piezas se mezclan y se guardan en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura.[3]

 

[1] Selena Miller, citado en Cervantes siglo XXI, La Nación, 23/05/2015

[2] Max Ehrmann; iglesia de Saint Paul, Baltimore, U.S.A.

[3] Don Quijote de la Mancha, segunda parte, cap. XII

La inteligencia

Tuesday, May 5th, 2015

Supongamos que Dios sea un empresario especializado en programación. En busca de la excelencia arma un programa binario al que denomina Adán. Este programa tiene por función catalogar y dar nombre a todo lo creado[i] . Adán cumple a la perfección. Más tarde para preservar esto datos e intercambiar información desarrolla un segundo programa que llama Eva[ii]. Luego se olvida de su creación ocupado en otros menesteres.  En tanto uno de colaboradores, llamado Luzbel[iii], el más inteligente de sus empleados decide independizarse. Entonces desarrolla un programa, ya no binario sino analógico.  A este programa decide llamarlo Manzana. Luego aprovechando los programas Adán y Eva, que Dios los tiene olvidados, trata de cargarlo en los mismos. Como no puede ingresar puesto que ambos programas están protegidos por una contraseña desarrolla un virus llamado Serpiente[iv]. Una vez ingresado carga el programa y una serie de aplicaciones que llama Ventanas para uso en distintos servicios. Con ello a creado un programa mejor que el de Dios.

A todo esto enterado Dios que su empleado se corta solo lo despide con cajas destempladas. Pero ya es tarde el programa de Luzbel se multiplica en forma exponencial.

Ahora entremos en la realidad.[v] En 1992 Marvin Minsky, un científico del MIT, declaró que las computadoras se volverán cada vez más inteligentes que los seres humanos. Concluyó que para 2034 las máquinas podrán pensar y comenzar a programarse a sí mismo. Y remató: Si la humanidad  no quiere que las máquinas desarrollen inteligencia, debería decidirse y desenchufarlas ahora. Le siguió Stephen Hawking, que dijo: “La IA puede ser el peor error que podría cometer la humanidad, y probablemente el último“. Por su parte Bill Gates opinó: “Yo estoy en el bando de los que están preocupados por la superinteligencia. Primero, las máquinas harán un montón de trabajo para nosotros y no serán superinteligentes. Eso será positivo si lo gestionamos bien. Unas décadas después, la inteligencia artificial será lo suficientemente fuerte como para ser una preocupación”.  Y su competidor en el mundo de la computacinó, Steve Wozniak de Apple, declaró en una entrevista: “Las computadoras van a rebasar a los seres humanos, no hay duda […] el futuro es aterrador, es muy malo para las personas”. Despues Elon Musk, creador de Paypal, Tesla Motors y SpaceX, tuiteó: ” Necesitamos ser supercuidadosos con la IA. Potencialmente es más peligrosa que las armas nucleares”.

Por último Kim Eric Drexler, experto en nanotecnología describe una hipotética situación de descontrol donde máquinas de tamaño molecular se autorreplican hasta acabar con toda la vida en la Tierra. En el primer momento un replicador crea a otro en 1000 segundos. Luego, el segundo crea a otro replicador también en 1000 segundos, mientras el primero vuelve a su vez a crear a otro. Después de 10 horas de esta secuencia, hay más de 68.000 millones. En dos días los replicadores pesan más que el propio planeta.

Drexler llamó a esta destructiva masa de nanorobots “Grey Goo” (plaga gris). En los temores que despierta la inteligencia artificial, existe un factor similar a la autorreplicación de la plaga gris: el riesgo de crear algo que no podamos detener y nos destruya. Al parecer, los humanos podemos inventar cualquier cosa y sobrevivir, hasta bombas atómicas. Lo que no podemos es crear algo que tenga el deseo de existir, una voluntad.

Por último me pregunto lo siguiente: ¿No será peligroso que nosotros, los humanos, busquemos ser super inteligentes?  Y como consecuencia de ello nos autodestruyamos? Sólo es necesario ver que el hombre ha creado a través de los siglos armas destructivas cada vez más eficientes en sus objetivos de destruir al prójimo.

Estudios neurológicos concuerdan que nuestro cerebro ocupa no más del el 20% de su capacidad. Duplicarlo en teoría nos llevaría a la propia autodestrucción. Recomiendo ver la película Lucy.

Lucy[vi] es una joven estadounidense a la que su novio engaña para que entregue en su nombre un maletín. Lo que Lucy no sabe es qué contiene ese maletín ni que su receptor es un mafioso coreano que pretende introducir una nueva droga en el mercado europeo y americano: CPH4. Esta sustancia genera durante el embarazo el rápido crecimiento de los huesos y músculos del bebé. Lucy es retenida y le introducen en su abdomen una bolsa con dicha droga. Lucy es golpeada por uno de sus captores y la bolsa con droga se rompe, esparciéndose por todo su cuerpo y cambiándola para siempre. De repente, es capaz de utilizar el 40% de su actividad cerebral. Es decir, es capaz de hablar y escribir chino aprender todo tipo de artes marciales o recordar los olores de sus primeros días de vida. Una vez que logra escapar del lugar donde estaba retenida, Lucy acude a un hospital para que le extraigan la bolsa de su interior. Esto no es posible. En tanto  el porcentaje que utiliza Lucy de su actividad cerebral supera ya el 60% y es capaz de incapacitar telepáticamente tanto a la policía como a los mafiosos que la persiguen. Finalmente, luego de varios contratiempos logra reunirse con un científico conocedor del tema. En su laboratorio. Lucy les informa de todo lo que sabe.

Mientras conversa con el científico sobre los orígenes del tiempo y de la vida y sobre cómo la gente distorsiona la realidad, Lucy le pide al científico para que le inyecten las cuatro bolsas con la droga por vía intravenenosa para lograr utilizar el 100% de su capacidad cerebral. Cuando eso suceda, les entregará toda la información para que puedan investigarla. Porque cuando eso suceda, Lucy morirá. Como consecuencia, su cuerpo entra en una metamorfosis en la que va tranformándose en una materia oscura que se expande por el laboratorio en busca de todo tipo de energía: Lucy la está absorbiendo para construir un objeto capaz de almacenar toda su información. En este proceso, la protagonista adquiere la facultad de viajar físicamente en el espacio tiempo, con lo que retrocede miles y luego millones de años, hasta encontrarse cara a cara con la primera Lucy: el primer homo sapiens sobre la faz de la tierra del que se tiene conocimiento y que fue nombrado al principio de la película. Su viaje sigue hasta llegar Big Bang al mismo tiempo que alcanza el 100% del uso de su cerebro.

En este momento entra en escena  un personaje que le dispara. Sin embargo, su intento por acabar con ella resulta vano cuando en el universo real desaparece en el espacio-tiempo dejando solo la ropa. En tanto el científico ve cómo el cuerpo de Lucy se ha transformado en una especie de figura monolítica enorme que sostiene un pendrive antes de desvanecerse completamente. Cuando los demás preguntan por ella, recibe un mensaje en el que lee: Estoy en todas partes.

[i] Génesis 2:10

[ii] Génesis 3:20

[iii] Isaías 14:12

[iv] Génesis 3:1

[v] En cursiva recopilado de un artículo de La Nación, 03/05/2015, secc. Enfoques, por Julian Gallo, titulado “El triunfo de la voluntad”. No será peligroso que nosotros, los humanos, busquemos ser super inteligentes

[vi] Resumen de Wikipendia

Borges y la ciencia

Wednesday, May 14th, 2014

Es notable como un escritor puede percibir los adelantos de la ciencia mucho antes que los científicos encuentren la respuesta. Arthur Clark  (2001, Odisea del espacio) comentaba que la ciencia ficción es la ciencia del mañana. En el caso de Borges en muchas de sus obras se adelanta a los enunciados de la ciencia mediante la metafísica. Por ejemplo, en 1941 escribe un cuento policial (según él) titulado “El jardín de los senderos que se bifurcan” donde plantea la existencia de universos paralelos.

En 1980, Carl Sagan en la edición española del libro “Cosmo” hace, aproximadamente cuarenta años después, el mismo planteo desde la ciencia.

Veamos:

...la frase varios porvenires (no a todos) me sugirió la imagen de la bifurcación en el tiempo, no en el espacio. La re lectura general de la obra confirmó esa teoría. En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên, opta -simultáneamente- por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones de la novela. Fang,digamos tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente hay varios desenlaces posibles. Fang puede matar al intruso, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir,etc. En las obras de Ts’ ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones. Alguna vez los senderos de ese laberinto convergen: por ejemplo,Ud. llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles Ud. es mi enemigo, en otro mi amigo…

EL JARDÍN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN
JORGE LUIS BORGES

Podemos volver al pasado y cambiarlo? Podemos lograr que los hechos se desarrollen de modo distinto a lo que dicen los libros de historia? Nos estamos desplazando continuamente hacia el futuro a una velocidad de un día por día. Con naves espaciales relativistas podríamos ir hacia el futuro a mayor velocidad. Pero muchos físicos creen que un viaje al pasado es imposible. Según ellos, aunque dispusiéramos de un aparato capaz de ir atrás en el tiempo no podríamos hacer nada importante. Si alguien viaja al pasado e impide que sus padres se casen, evitará haber nacido, lo cual es en cierto modo una contradicción, porque es evidente que este alguien existe…

Pero otro físicos proponen la posible coexistencia, una al lado de la otra, de dos historias alternativas, dos realidades igualmente válidas: la que uno conoce y otra en la que uno no ha nacido nunca. Quizás el tiempo tiene muchas dimensiones potenciales, aunque estemos condenados a experimentar sólo una de ellas. Supongamos que pudiéramos ir al pasado y cambiarlo, persuadiendo por ejemplo a la reina Isabel para que no diera su apoyo a Cristóbal Colón.

Esto equivale a poner en marcha un secuencia diferente de acontecimientos históricos, que quienes hemos abandonado en nuestra línea temporal no llegarán a conocer nunca. Si fuese posible este tipo de viaje temporal podría existir en cierto modo cualquier historia alternativa imaginable.

La historia es en su mayor parte un haz complejo de hilos profundamente entretejidos, fuerzas sociales, culturales y económicas difíciles de desenredar. Los acontecimientos pequeños, impredecibles y casuales que en número incontable van fluyendo continuamente, no tienen a menudo consecuencia de largo alcance. Pero algunos acontecimientos, los que tienen lugar en intersecciones críticas o puntos de ramificación, pueden cambiar el aspecto de la historia. Puede haber casos en los que resulté posible provocar cambios profundos mediante ajustes relativamente triviales. Cuanto más lejos esté situado en el pasado este acontecimiento más poderosa podrá ser su influencia: porque el brazo de la palanca del tiempo se hace más largó.

COSMOS
Carl Sagan


Templarios: Negocios en la construcción de poder

Friday, May 9th, 2014

La autoridad religiosa, matriz común en la Europa occidental y única visible en los siglos anteriores, había logrado introducir en el belicoso mundo medieval ideas como “La paz de Dios” o la “Tregua de Dios”, dirigiendo el ideal de caballería hacia la defensa de los débiles. No obstante, no rechazaba el uso de la fuerza para la defensa de la Iglesia. “Ya el pontífice Juan VIII, a finales del siglo IX, había declarado que aquellos que murieran en el campo de batalla luchando contra el infiel, verían sus pecados perdonados, es más: se equipararían a los mártires por la fe”.

Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y príncipe de Aragón pronto llegaría a un acuerdo con los templarios para que colaboraran en la Reconquista, la concordia de Gerona, en 1143, por la que recibieron los castillos de Monzón, Mongay, Chalamera, Barberá, Remolins y Corbins, junto con la Orden militar de Belchite de Lope Sanz, favoreciéndoles con donaciones de tierras, así como con derechos sobre las conquistas (un quinto de las tierras conquistadas, el diezmo eclesiástico, parte de las parias cobradas a los reinos taifas). También, según estas condiciones, cualquier paz o tregua tendría que ser consentida por los templarios, y no sólo por el rey.
Como en toda Europa, numerosas donaciones de padres que no podían dar un título nobiliario más que al hijo mayor, y buscaban cargos eclesiásticos, militares, cortesanos o en órdenes religiosas, enriquecieron a la orden.
Los templarios ayudaron a la repoblación de zonas conquistadas por los cristianos, creando asentamientos en los que edificaban ermitas bajo la advocación de mártires cristianos, como es el caso de Hervás, población del Señorío de Béjar.
Tal es así, que los historiadores han llegado a la conclusión de que cualquier topónimo inglés, escocés o irlandés que empiece o acabe en “Temple” es, a la postre, una antigua posesión de los templarios.
Cien años más tarde de su fundación oficial, hacia 1220, eran la organización más grande de Occidente, en todos los sentidos (desde el militar hasta el económico), con más de 9.000 encomiendas repartidas por toda Europa, unos 30.000 caballeros y sargentos (más los siervos, escuderos, artesanos, campesinos, etc.), más de 50 castillos y fortalezas en Europa y Oriente Próximo, una flota propia anclada en puertos propios en el Mediterráneo (Marsella) y en La Rochelle (en la costa atlántica de Francia).
Todo este poder económico se articulaba en torno a dos instituciones características de los templarios: la encomienda y la banca.

Sueños

Saturday, September 7th, 2013

Cuando dormimos, el cerebro liberado del control de la razón, crea historias fantásticas.  En segundos extrae el material guardado en la memoria al mismo tiempo que crea el argumento, arma los diálogos, diseña el ambiente y elige los actores  presentando una obra de teatro que nosotros, espectadores obligados, llamamos “sueños”.

A Julio Verne

Thursday, July 5th, 2012

Homenaje a Julio Verne, Vigo, España

Homenaje a Julio Verne, Vigo, España

Gracias Don Julio por los hermosos momentos que pasé en mi niñez y adolescencia leyendo tus mundos de fantasía. Gracias por alimentar mi imaginación; conocer nuevos mundos, reales y ficticios. Descubrir, mediante la lectura, historia, geografía, ciencias. Vivir la aventura del espíritu. Templar mis creencias. Mantener los ideales. Hacer un culto de la amistad. Y sobre todo, al igual que otros escritores, ayudarme a pensar.

Las razones de la sinrazón

Friday, April 13th, 2012

Las razones de la sinrazón, dice Don Quijote, queriendo decir con ello que muchas veces lo que consideramos irrazonable, muchas veces, es razonable.

Por otra parte el dicho popular advierte que las razones del corazón no las entiende la razón.

La vida y la muerte son sinónimos de un sueño.

Tuesday, April 3rd, 2012

Lo plantea Shakespeare en Hamlet:

Morir; dormir. ¿Dormir? ¡Soñar acaso!

O Calderón de la Barca:

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Otro poeta, Bécquer nos dice:

Al brillar un relámpago nacemos,
y aún dura su fulgor cuando morimos;
¡tan corto es el vivir!
La Gloria y el Amor tras que corremos
sombras de un sueño son que perseguimos;
¡despertar es morir!

Vuelvo a Shakespeare. Esta vez en La Tempestad:

Estamos hechos de la misma materia que los sueños. Nuestro pequeño mundo está rodeado de sueños

Por supuesto no debo omitir a Borges: There are more thing:

El hombre olvida que es un muerto que conversa con muertos.

 No elegí filosofos ni científicos para apoyar mi teoría. Me basé en poetas, porque ellos intuitivamente, como los artistas, saben más de ciencia y filosofia.

Los sueños

Wednesday, November 19th, 2008

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Calderón de la Barca.

Si nuestra mente, cuando dormimos, mediante sueños crea mundos que creemos reales. Es decir que solo al despertar tomamos “conciencia” que no son reales. ¿O creemos que no son reales? ¿Acaso en la vigilia nuestra mente nos hace creer que las cosas que percibimos son reales, cuando en realidad son sueños?

He aquí unos sueños que el lector deberá descifrar si simplemente han sido sueños, enseñanzas veladas o mensajes del futuro. O hechos de otra vida… O simplemente sueños.

 

Inquietud

 

Un sueño de esta mañana me llenó de inquietud., sin saber el motivo. Se inició con una visita a un negocio con el que tenía alguna relación.  Después me dirigí a otro negocio con el cual también tenía también alguna relación. Lo sucedido y qué relación tenía en ambos lugares se ha borrado de mi memoria casi en su totalidad al despertar. Solo han quedado retazos incoherentes que no logro dilucidar. Lo que recuerdo, en parte, es que al salir de este último negocio me dirigí al primero que quedaba en la calle EE. UU.. Pero decidí, en el sueño, ir por otro camino.

Al tomar por el otro camino las calles se hicieron menos de ciudad, y más de pueblo. Y me daba cuenta que estaba alejándome cada vez mas hasta dar la impresión de estar perdido. Las calles eran de tierra y había baldíos. En un cruce con un surco de agua barrosa me tope con una mujer que parecía que estaba hablando sobre la Biblia. Le pregunté cómo debía encontrar la calle que buscaba. Me indicó, y seguí sus indicaciones. Pronto me encuentro en una especie de carretera de tierra donde pasan muchos vehículos de distintos tamaños y modelos. Y luego las imágenes me transportan a una calle normal. Estoy caminando y levanto la vista. En el cielo veo un helicóptero chocando con lo que parece una topadora. Se ve una explosión y cae gente. Uno de los que cae se enreda en unos cables. Otro esta enredado en un balcón. Éste último lucha por desenredarse. Mucha gente mira asombrada lo que pasa, pero nadie parece llamar a una ambulancia. Luego es de noche y veo a un tercero de los caídos sin cabeza. Una moto con sirena aparece. Y yo despierto.

 

El mapa

 

Buscaba en un mapa los límites de Nueva Zelanda. Ella se puso a mi lado. Juntos observamos los contornos del país, y leímos los nombres de las ciudades. El nombre “Gra”, o algo parecido, dijimos que era el nombre de la capital. Ella luego me dio un dulce beso en los labios. No lo esperaba, aunque lo deseaba. Extrañamente no había nadie cerca que advirtiera el comportamiento de ella (y el mío). La intimidad era importante: Ambos estábamos comprometidos. Y ella llevaba en su conciencia un bagaje de prejuicios.

Después, estábamos en un lugar menos expuesto, pero igual con riesgo a que nos descubrieran. Sin embargo todo parecía que estaba desierto. Que los únicos que estábamos en esa oficina éramos nosotros solos. Olvidé qué hablábamos en ese lugar; creo que sobre el mapa. A riesgo de que nos sorprendieran no pude resistir en besar su cabellera. Ella se perturbó. Luego, en un arranque de audacia nos besamos en los labios. Pero no fue un dulce beso. Sentía que nuestros dientes rozaban incomodo nuestros labios. Me parecieron besos de principiantes. Ella luego bajó la vista y en un susurro contenido me dijo —Esta noche, a las ocho, voy a lo de mi tía… —Por el tono interpreté que quería que nos viéramos. Me sorprendió. No creía que ella pudiera superar sus fuertes prejuicios de mujer casta. Que fuera tan audaz. Me alegró que me deseara ver. Yo la amaba.

Respondí, sin saber el motivo, que no podía ir.

Extraño me resultó recordar que la capital de Nueva Zelanda sea Auckland. ¿Por qué entonces en mi sueño aparece el nombre Gra, o algo parecido?

 

Almohadones

 

Dos almohadones… ¿O tres? Juegan en un sueño. Tienen la forma de un corazón, y un voladizo blanco bordado. Son de color rosa o celeste. ¿Lo son realmente de ese color? ¿Son tres o dos? En el sueño están presentes y parece que cumplen un rol importante, pero lo ignoro.

Aparecen y desaparecen entre otras imágenes que ya se han desvanecido de la memoria. ¿Eran dos o tres? ¿Eran de color rosa y azul? ¿Qué significan? Quizá imágenes sin control de la memoria.

 

Tallos sin flor

 

Sostenía en mi mano un ramo de tallos, sin flor, y prolijamente cortados. Seguido entro en un bar de una galería. Una mujer de espaldas está sirviendo una de las mesas, y creo conocerla. Su cabellera es rubia. Pienso que estoy enamorado de esa mujer. Pero no entiendo por qué me enamoro de una mujer que está de espaldas a mí y cuyo rostro ignoro. Decido regalarle los tallos, que ahora le han florecido pimpollos. Me acerco a ella y entonces me encuentro en un descampado, rodeado por un cerco de arbustos. Aún conservo los tallos. Me enojo conmigo mismo y tiro al suelo el ramo. Exclamó: —Siempre estoy pensando y preocupado por el amor de ella, y nunca pienso en mi amor. De ahora en más pensaré en mi amor. Al menos no me dolerá el desencanto, el desprecio, la indiferencia…

Y despierto

 

Visión

 

Comencé a ver nublado. Como uso lentes de contacto atribuí mi turbia visión a la suciedad de éstos…Me los quité para limpiarlos y, entonces mi visión quedó congelada, como una fotografía, en una imagen. Mi cerebro registraba que mis globos oculares parecían tener pegado una especie de emplasto o calcamonía con un dibujo de unos anteojos negros y apoyados sobre los cristales un naipe con el as de diamante. Esta imagen me impedía la visión y me desesperaba. Salgo a la calle a ciegas y cruzo una avenida, oigo el ruido del caótico tránsito. Y varios chirridos de frenos…

 

Inodoros y Mercedes Benz

 

Es confuso, como la mayoría de los sueños. Estoy en un colectivo. En un cruce de una calle y una avenida diagonal (como si fuera la Diagonal Norte y Lavalle) el colectivo se detiene, y lo cruza otro colectivo. Pienso en descender y subirme al otro colectivo. Alerta espero que el otro vehículo se detenga, pero no desciendo.

Luego estoy en un cajero automático. Tengo en mi mano dos tarjetas e introduzco una con esfuerzo puesto que la ranura parece obstruida. El cajero no me da dinero sino un inodoro. Introdujo la otra tarjeta y recibo un Mercedes Benz.

Por último un desconocido en una villa, parece la villa 31, regala a cada habitante un Mercedes Benz, y dice: —Veremos que hacen con el auto… —La idea, parece ser, qué uso le darán al auto. Si a partir de ese auto salen de la miseria vendiéndolo, o haciendo un negocio, o solo lo usan y continúan viviendo en la villa. Después el desconocido regala inodoros.

 

La risa

 

Tomaba un café en una galería, cuando me sobresalte al escuchar detrás de mí una risa de tono inconfundible. Me di vuelta de inmediato sorprendido de que ella estuviese ahí. Pronto mi alegría con el encuentro se volvió desencanto. La risa no era de ella.

Afinando mi oído comprendí que me había equivocado. La risa de ella era más sonora y alegre. No podía tener imitación. Así como uno se deleita con el sonido de un clarinete y diferencia a un ejecutante de otro. Solo ella puede ejecutar esa musical risa.

 

Una avioneta

 

Una avioneta hace varios giros en el aire. Planea sobre el río, Vuelve a la costa y hace otras piruetas. Sé que en cualquier momento deberá hacer un aterrizaje forzoso, o estrellarse. Finalmente logra tocar tierra haciéndose pedazos.

(La noche precedentemente, y antes de irme a dormir leo en el diario que una avioneta se estrelló en Campo de Mayo. Solo leí el titular, y no le presté más atención)

 

El gato

 

Aferré con fuerza la piel del cuello del gato y lo levanté a la altura de mi hombro. El gato maulló furioso. Al mismo tiempo se agitó moviendo el cuerpo con violencia tratado de desprenderse de mi mano que, como garra, lo sostenía en vilo. Sus patas delanteras se agitaban en el aire mostrando sus filosas garras. Todo en vano.

Ignoraba la razón por la que lo hacía. Como tampoco entendía el odio que me provocaba el felino. Luego, al pie de la escalera, sin saber el motivo, o quizá por darme cuenta que no tenía sentido lo que estaba haciendo, lo solté. El gato, liberado, con un chillido de furia subió las escaleras huyendo de algo desconocido para su instinto. Se perdió en la oscuridad del piso superior.

Lo seguí, y al poner el pie en el primer escalón, oí un ruido: toc, toc, toc; extrañado subí un escalón más, el ruido volvió a repetirse: toc, toc, toc. Sin comprender comencé a tener miedo. Balbucee unas palabras como ¿quién estaba ahí? Me respondió el toc, toc, toc. Sentí entonces que mi cuerpo se paralizaba de terror: toc, toco, toc, se repitió. Volví a preguntar con mucho esfuerzo para articular mi voz ¿quién estaba ahí? Toc, toc, toc. Sobreponiéndome a medias al miedo continué subiendo. El ruido no se repitió, más confiado continué subiendo. Al llegar al último peldaño, la oscuridad era total. Tanteé la pared en busca de la llave de luz, advirtiendo que lo podía haber hecho desde abajo. Toc, toc, toc. El ruido me paralizó, el pánico me invadió, entonces de mi garganta salió un alarido desgarrante de terror… Toc, toc, toc…

Estaba todo sudoroso y sentí un dolor en todo mi cuerpo. Comprendí de inmediato que me había caído de la cama.

 

Recuerdos

 

No sé si sucedió, o es producto de mi imaginación. Recuerdo una cara, que a medida que pasa el tiempo se desdibuja volviéndose borrosa.

De seguir así será una imagen perdida en el tiempo. Quizá un sueño.

En el archivo de mis recuerdos sólo quedan imágenes truncadas que no entiendo por qué están ahí. Y por qué han quedado tan fijamente grabadas. Es como revisar un viejo arcón y encontrarse con objetos que no se entiende por qué están guardados y que se ignoraba su existencia.

Entre esas incomprensibles imágenes recuerdo a un joven de unos veinte años, pelirrojo barbudo y esmirriado, sentado tímidamente cerca de una pequeña mesa en un reducido cuarto de una vieja casona de la calle Sarmiento, esperando con una mezcla de temor y curiosidad la llegada de un hombre vestido con una tunica negra y cubierto su rostro con una capucha también negra; en su mano derecha empuñaba una espada.

Luego recuerdo a este joven sentado en un austero living de un diminuto departamento del viejo Palermo conversando sobre comportamientos en otros países. Sobre su experiencia en Nueva York.

Otro recuerdo es en una feria de artesanos, él le regala a una joven un anillo trenzado en alambre de plata de escaso valor, que ella aún conserva como una joya.

Las imágenes se desplazan ahora a un caserón de la calle Paraguay donde el joven barbudo me presenta a varios artesanos cuyos rostros se han borrado.

Después recuerdo encontrar a este joven en una esquina de la zona bancaria. El joven está ahí como quién está solo y espera (no sé qué). Aunque me aclaró que esperaba a su padre.

Otra imagen se ubica en un bar cambiando ideas sobre el centro del mundo, sobre Gurdjieff, sobre la “Golden Dawn” y sobre “Los símbolos sagrados” del francés René Guenón.

La siguiente imagen es en otra esquina especulando la forma de escribir en una revista sobre la “filosofía del zen”.

Luego hay imágenes que se confunden en el tiempo y lugar haciéndome dudar si son reales o imaginarias. Más tarde o más temprano los sueños se confundirán con lo que alguna vez creí era real y dejaré este mundo ignorando, o sin dilucidar, los significados de los recuerdos. Es decir, los retazos de imágenes que nuestra mente misteriosamente retiene, descartando otras, y que probablemente tengan un significado. ¿Cuál, y con que fin? Lo ignoro.

 

Pasó a mi lado

 

Mi hijo pasó a mi lado y no lo detuve. Dejé que continuara su camino. Luego quise buscarlo y me fue imposible encontrarlo. Ya no lo encontraría más. Desesperado por haber perdido a mi hijo me arrepentí de no haberlo detenido cuando al pasar por mi lado dudé en impedirle el paso. Con angustia me pregunté si al detener su camino hubiese sido peor que, como ahora, perderlo.

Luego, al despertar, descubrí que el sueño sólo había reflejado lo que ya había pasado.

 

 

Estacionamiento

 

Estacionó el auto, y al descender miró hacia arriba y advirtió que ella estaba en el balcón observándolo. Se saludaron con la mano y ella desapareció, mientras él esperaba en la puerta de calle que le abriese. Unos minutos después ella salió del ascensor y abrió la puerta.

Se volvieron a saludar con un beso en la mejilla, y subieron al departamento. Dentro el ambiente estaba cálido. Él entonces se sacó el sobretodo y el saco poniéndose cómodo.

Conversaron, mientras tomaban café, de cosas circunstanciales, sin profundizar demasiado. Luego iniciaron un juego de caricias y besos, decidiendo acostarse y hacer el amor. Hubo buen clima y sus cuerpos y mentes estaban en armonía. El goce, ambos, lo sintieron como una delicia.

Después del clímax y exaltación de los sentidos sintieron que sus cuerpos se relajaban satisfechos, y los invadió una mayor ternura. Volvieron a las caricias con renovada dulzura, y quedaron dormidos.

Rato después, ambos despertaron. Él calmo, y más frío decidió que debía irse. Ella asintió y se vistieron en silencio. Él sentía que tenía deseos de quedarse, pero calló sabiendo que no podía.

Se despidieron en la puerta como amigos prometiéndose volver a ver. Ella lo vio partir y lo saludó con la mano, como si él fuese a hacer un largo viaje.

Él llegó a su casa y en silencio se dirigió a su dormitorio. Ya eran las dos de la madrugada.

—¿Qué te pasó? ¡Estaba preocupada! –oyó que decía su esposa. —Creí que te había pasado algo—, agregó.

Él contestó que no había pasado nada, y argumentó que se había quedado conversando con los amigos. Su esposa le reprochó que a mitad de semana no debía andar trasnochando. Él pidió que se callara y se durmiese mientras se dirigía al baño. Luego se desvistió y se acostó de espalda a su mujer. Su esposa se pegó a él, y lo abrazó. Ambos quedaron dormidos de inmediato.

 

Averiguando el pasado

 

De repente quise averiguar el pasado. Ignoro cual o de quien. A mi lado alguien trata de disuadirme. Ambos, en una noche brumosa, estamos detenidos en una esquina de la ciudad. La neblina nos envuelve y el único color de nuestras ropas y rostros son distintas tonalidades de gris. A pocos pasos un farol opacado por la niebla asemeja un sol borroso. Un punto de luz plateada difusa. Insisto en ir hacia el pasado, y mi compañero cede diciendo: ¾Tómate un taxi… ¾En ese instante aparece en escena un taxi similar a los que se ven en las películas norteamericanas de los años cuarenta en blanco y negro. Abrí la puerta y subí al taxi. Y sonó el despertador.

 

Dos sueños

 

Estaba dormido profundamente cuando el sonido del teléfono me despertó sobresaltado. Asustado, con el corazón latiendo con fuerza, estiré la mano hacía el teléfono, y éste dejó de sonar antes de levantar el tubo. Esperé un par de minutos que volviera a sonar mientras sentía una fuerte angustia pensando quién llamaría a esa hora, ya era de madrugada, y convencido de que sería una mala noticia. Sin embargo, el teléfono no volvió a sonar. Intranquilo volví a intentar dormirme aceptando, para tranquilizarme, que había sido una falsa llamada. Finalmente el sueño me venció.

Ahora viajaba en un ómnibus con mi esposa. Ambos íbamos callados, concentrados en nuestros pensamientos. De pronto mi esposa dijo que descendería en la siguiente parada. Se levantó y bajó. Cuando el ómnibus volvió a arrancar miré por la ventanilla buscando a mi esposa en la vereda. No estaba, había desparecido. Me extrañó. No podía haberse desvanecido. En tanto el ómnibus tomaba velocidad recorriendo en paralelo a un muro de color rosado.

Más tarde, al recordar este sueño, no pude precisar si el primero había sido también un sueño.

 

El bebé

 

Estaba eufórico, pero entonces Raquel me recordó que el bebé aún estaba escondido en un tubo de una habitación. Que era hora de hacer algo. Como un sueño borroso de otro sueño vino a mi memoria que ese bebé había aparecido en una habitación de una extraña casa parecida a un laboratorio secuestrado por dos delincuentes. Las paredes eran frías, asépticas. Entré en esa casa y descubrí a los secuestradores; y los maté. Luego me deshice de ellos tirándolos a un río. Escondí al bebé en un tubo pensando no involucrarme en el secuestro.

Seguido le revelé a Raquel esta historia. Ella quiso ver al bebe, y entonces, tomando precauciones, la lleve hasta la casa. Saqué el bebé del tubo y se lo mostré. La criatura lloraba y hacía días que no comía, ni se lo aseaba. Raquel lo limpió y le cambió los pañales. No le dimos ningún alimento y cuando Raquel se lo quiso llevar yo me negué argumentando que eso nos comprometería con el delito de secuestro. Propuse dejarlo en el tubo, y pensar más tarde como entregarlo a sus padres.

Después busqué una llave para abrir una casa mientras pensaba por qué yo tenía llaves de esa casa. Todos mis movimientos y el clima eran de inseguridad y miedo a ser descubierto. Pensaba cómo estaría ese bebé tantos días en la oscuridad de un tubo frío, sin alimentos y agua. Rogaba que aún viviera.

Ahora no era una casa donde estaba escondido el bebé sino una especie de galpón con varios subsuelos. Había mucha gente por las escaleras y chicos corriendo. Tratábamos de pasar desapercibidos mientras descendíamos. Entonces ante un portón de metal dije que ahí estaba el bebé. No quería abrirlo delante de la gente que pasaba a mi lado. En la espera de que no hubiera nadie pasaron unos chicos y uno de ellos me pateó por detrás entre las piernas y salió corriendo.

Finalmente abrimos el portón. Se trataba de un depósito con locomotoras diesel, y había gente entre ella que parecían mecánicos.

Por último estamos frente al tubo vacío. El bebé había desaparecido. Y antes de despertar me reproché que hubiera matado a dos hombres, que en cierta forma me parecía excepcional, y me torturaba con fuertes cuestionamientos que había dejado morir un bebé como un desalmado.

 

En blanco y negro

 

El sueño es en blanco y negro. O a mi me parece. Paso por un edificio en cuyo costado hay gente que, con abrigos, está haciendo una fila aparentemente para entrar al edificio de una planta. La vestimenta de la gente y el edificio tiene un aire a una escena de los años cuarenta. Esas imágenes pueden dar idea de una película, en blanco y negro, de esa época, y confundirse con un campo de concentración nazi. Seguido estoy caminando por una vereda, en una puerta hay un policía, y estacionado un viejo camión que observo con curiosidad. Continúo mi camino y vuelvo a pasar en sentido contrario por la fila. Me coloco en ella para comprar hielo. Por timidez no pregunto si es la cola del hielo. Nadie sale del edificio y la fila no se mueve. Después, sin aviso de nadie, como autómatas nos corremos hacia otra puerta del edificio. Quisiera preguntar si están esperando comprar hielo. Pero no me atrevo. Suena el despertador.

 

En la bañera

 

Estaba en la bañera disfrutando de un baño de inmersión. Rato después sumergí mi cabeza debajo del agua. Estuve unos segundos, con los ojos cerrados sintiendo el placer de mi cuerpo ligero y fresco. Al emerger advertí que estaba flotando en el mar. Un mar sereno y de un brillante color lapislázuli. A donde comenzaba la playa divisé la figura de una mujer sentada en una reposera. Estaba de perfil y lucía un vestido floreado y cubría sus cabellos rubios con un sombrero de playa. Su cabeza giró hacia mi lado y sus ojos celestes se fijaron en mí. Sonreía. La reconocí, era ella, no cabía duda. Me sorprendió que la blancura de su piel no la mortificara el sol que estaba muy alto y ardiente. Le hice seña con una mano a modo de saludo e invitándola a que nademos juntos. Ella desvió su rostro en una actitud indiferente. Entonces comencé a nadar hacia la orilla, pero tenía la sensación que a cada brazada la costa se alejaba. Opté por sumergirme y nadar por debajo del agua y, al volver a la superficie para tomar aire, me encontré otra vez en la bañera.

Apático destape ésta y esperé que el agua se escurriera por la rejilla. Luego me sequé y me dirigí a la cama.

Ella estaba durmiendo con una respiración serena. Evitando despertarla me acosté a su lado, pero se despertó y me abrazó semidormida y comenzó a besarme suavemente… Sus besos parecían caricias, y su piel calida se pegaba a mi cuerpo como si fuera de seda. Sentí el goce en todo mi cuerpo. Indescriptible la dulzura que manaba de su cuerpo y sus gestos. Besos y caricias de ella me embriagaron…

Y desperté solo en mi cama. Temblaba. No sabía si de frío o de fiebre. Entonces recordando el sueño me pregunté: ¿Estaré en sus sueños? ¿Alguna vez, ella, me recordará? ¿Cuáles serán sus sueños?

 

Veneta

 

Estaba en la casa de un amigo que hacía por lo menos treinta y cinco años que no veía. Cuando llegué encontré la casa deshabitada. En la habitación de mi amigo, con la cama deshecha, me recosté. Seguido apareció un chico de unos siete u ochos años que quería buscar en un mapa de Europa la ciudad de Veneta. Me aclaró que existían tres ciudades con el mismo nombre, y que la que buscaba tenía frontera con tres países. Decidí acompañarlo a una biblioteca.

Estábamos saliendo cuando apareció mi amigo acompañado de un hombre de raza negra. Éste me saludó como si me conociera. Su rostro me resultó familiar, pero ignoraba por qué. Mi amigo y el negro hablaban entre ellos en francés. Yo no quise ser menos, y sin hablar el idioma, dije “glu glu” con la lengua trabada y porque no sabía el idioma galo. Los otros dos se rieron y continuaron su camino conversando en francés.

El chico, que decía ser hermano de mi amigo, me apuró para ir a la biblioteca, donde no encontramos ninguna ciudad llamada Veneta.

El sueño se va desdibujando en una mezcla de imágenes del chico y yo buscando el nombre de la ciudad en una enciclopedia y el rostro del negro sonriéndome y preguntándome de dónde lo conocía.

 

Un amigo

 

Mi amigo estaba sentado junto a un grupo de gente. A su lado un chico de ocho o diez años. Mi amigo me sonrió, y yo le dije que hacía tiempo que no nos veíamos. Quizá treinta o más años. Lo recordaba con afecto. Se lo hice saber, y él sonrió. Le pregunté por qué no volvía y el respondió que tenía que tomar el colectivo.

Al despertar, como siempre ocurre, estaba confuso y las imágenes del sueño se hicieron borrosas. Me esforcé en recordar el sueño. Me pregunté qué sería de mi amigo que hacía más de tres décadas que no veía. Alguien, tiempo atrás me había dicho que había muerto.

 

Sobresaltado

 

Me desperté sobresaltado, agitado, y con la boca seca. Respiraba con dificultad. Todo esto provocado por un sueño que no podía considerar una pesadilla como para provocar las sensaciones descriptas. Sin embargo había alterado mis sentidos, al menos una parte de ellos, como si hubiese tenido una pesadilla.

Las imágenes que recuerdo de ese sueño, como siempre confusas; trozos de imágenes; la mayor parte borrado de mi memoria.

En el sueño, Raquel, había regresado de España, y yo, con tono insistente y de exigencia quería saber que me había traído. Solo me mostró un cinturón del grosor de un dedo. Después me mostró una rara campanilla coronada con una escuadra y compás. Y un hilo enrollado a modo de “yo-yo”. Se tiraba del hilo, como si fuese un resorte y la campanilla sonaba.

Al despertar sobresaltado, como dije al principio, comprendí que en mi sueño el rostro no era el de Raquel, sino el de mi madre…

 

La palabra perdida

 

Esa mañana desperté con un sueño. Pero me levanté sin prestarle mayor atención. Como tantos sueños que uno olvida con el tiempo. Pero por la tarde vinieron a mi mente las imágenes del sueño. En él, recordaba, alguien preguntaba qué significaba tal palabra; era una palabra sencilla, aunque de uso preferentemente en conversaciones de tono no vulgar. Me extrañaba que no supiera el significado.

Le di el significado e incluso su etimología. Y para corroborar lo que decía tomé, en el sueño, el diccionario y busqué la palabra. Con asombro comprobé que la palabra, tan común, no estaba incluida. Busqué en otros diccionarios con idéntico resultado.

Sorprendido, parecía que la mencionada palabra había desaparecido del vocabulario. Incluso en el sueño recordaba como se pronunciaba en francés, alemán e inglés, y en otros idiomas. Luego busqué en los diccionarios de esos idiomas su significado. Tampoco figuraba en los diccionarios de dichos idiomas.

Lo extraño, o lo más extraño, era que yo ahora, despierto, no recordaba cual palabra era que había soñado. Confundido me estrujé el cerebro tratando de recordar qué palabra sería. Sonreí pensando que le estaba dando demasiada importancia al sueño. Sabía que los sueños generalmente se olvidan a los pocos minutos de despertar. La mayoría de los sueños solo quedan en la memoria imágenes fragmentadas. Y generalmente las imágenes sueltas son borrosas.

Por lo tanto no pensé más en el tema. Pero al día siguiente volvió a mi memoria, con mayor fuerza la idea de recordar la palabra perdida en el sueño. Tomé entonces conciencia que el deseo de saber a que palabra se refería mi sueño se estaba convirtiendo en una obsesión demasiado fuerte. Tal obsesión me llevó a intentar repetir el sueño. Y por espacio de una semana me dormía intentando concentrar mi pensamiento en repetir el sueño, Pero todas las mañanas despertaba sin haber soñado absolutamente nada. Pasados los días fueron debilitándose el recuerdo del sueño hasta olvidarlo.

Un año después, viajando en tren, escuché involuntario la conversación que dos hombres mantenían en el asiento, detrás de mí. A pesar que hablaban en voz baja pude oír que se referían a una palabra perdida, y de inmediato recordé mi sueño.

Aguce el oído y presté atención. Según contaba uno al otro en la reconstrucción del templo de Salomón tres obreros que estaban alisando el terreno para levantar el nuevo templo, en el mismo lugar donde había estado el primero, descubrieron a ras de tierra una entrada secreta a un pasadizo subterráneo que desembocaba en una bóveda. En dicho recinto se encontraba grabado en un delta de oro el verdadero nombre de Dios. Nombre sagrado éste que los judíos habían perdido cuando Nabucodonosor destruyó el primer templo. Así recuperaron la palabra perdida que los conectaba con el creador.

No pude oír más nada porque los viajeros bajaron en cuanto el tren se detuvo en la siguiente estación. Me llamó la atención cómo me había impresionado escuchar la extraña narración. Y me pregunté ¿qué relación podía haber entre un sueño vulgar como el que había tenido, hacia ya tiempo y que extrañamente recordaba, y el verdadero nombre de Dios? Reflexioné que mi sueño no tenía dimensiones bíblicas. No le veía sentido. Un psicoanalista, razoné, opinaría que el sueño (o los sueños) son manifestaciones del inconsciente que salen en desorden a la parte conciente. De la misma forma que mezclamos el orden de las páginas de un libro o, más aún, de varios libros, o a veces mezclamos el orden de las palabras.

Finalmente viendo que no le encontraba explicación, ni sentido estar preocupándome por un simple sueño traté nuevamente de olvidarlo concentrándome en las cosas reales que me rodeaban. Y que sí tenían sentido.

Pero pasado unos días comenzó a sucederme un extraño hecho: Todas las mañanas despertaba recordando el sueño. No bien la luz entraba en los rincones de mi memoria, las imágenes borrosas e incoherentes del sueño se manifestaban perturbándome y aflorando desde el subconsciente y me surgía la necesidad de encontrar la palabra perdida en el sueño.

Me esforzaba en despreocuparme del ello, y una hora después lo olvidaba durante todo el día y hasta que me dormía. Pero a la mañana siguiente volvía a recordar. Extrañado decidí consultar a un sicoanalista.

Éste me escuchó y sugirió que debería someterme a terapia con el fin de lograr encontrar la respuesta en mi subconsciente. Comencé, entonces, a concurrir dos veces por semana a su consultorio en las que descargaba mis emociones y frustraciones y en la que el psiquiatra solo escuchaba.

A la cuarta visita abandoné el tratamiento convencido que ese no era el camino. Entonces decidí consultar a un vidente. Y para mi sorpresa el vidente interpretó que mi sueño recurrente tenía relación con una pregunta que le hacía en el porvenir y, según el vidente, si no la respondía satisfactoriamente perdería la oportunidad de mi vida. La respuesta, según el adivino, debía ser una sola palabra. Pero ¿cuál era esa palabra?. Era una incógnita.

Una semana después de haber estado con el vidente advertí que ya no me despertaba recordando el sueño. Como si éste se hubiese borrado de mi memoria.

Pero un mes después, cuando ya creía olvidado el tema, llegó a mis manos un libro que contenía tres citas. La primera, de un tal Georges Duby decía: “la huella de un sueño no es menos real que la de una pisada”. La segunda, atribuida a Shapeskeare, sentenciaba: “estamos hechos de la sustancia de los sueños”. Y por último Ambroce Bierce opinaba que “si deseas que tus sueños se hagan realidad ¡despierta!”.

Me pareció que, misteriosamente, estas tres citas se encadenaban entre si, que a su vez se relacionaban con mi sueño. ¿Sería un mensaje? Entonces si un sueño formado por mi propio cerebro es tan real como una huella dejada en el barro, ¿cómo se hace para despertar? me pregunté.

Deje el libro de citas a un lado y reflexioné si en ese momento estaba soñando o esta despierto. Luego deseché esta idea como absurda y volví a admitir que la clave de mi obsesión (porque ya se estaba convirtiendo en una obsesión) estaba en recordar ¿cuál era la palabra que había soñado? Pero por más ejercicio mental que hacía para recordar, mi mente se cerraba a recuerdos. Era evidente que había perdido el nombre como se pierde un objeto en un profundo pozo. Pero luego tenía la esperanza de que así como uno pierde un objeto y lo vuelve a encontrar, volvería a encontrar la palabra perdida.

A medida que pasó el tiempo los recuerdo de ese sueño se fueron borrando de mi memoria. Hasta que una noche soñé que un desconocido buscaba una palabra perdida. Como un cáncer que va creciendo dentro de su cuerpo, de la misma forma iba creciendo su obsesión por encontrar esa palabra y, a medida que pasaba el tiempo, torturaba cada vez mas su mente en su búsqueda, exigiéndole a su memoria que abriese el archivo de los sueños, que aseguraba su mente guardaba celosamente.

En su delirio recorría los laberintos de su cerebro buscando el nombre que lo obsesionaba.

Cuando su estado llegó al paroxismo no hubo más remedio que internarlo en un sanatorio para enfermos mentales. En una de las sesiones terapéuticas el psiquiatra argumentó ante él que, después de todo, se trataba de un desequilibrio emocional y, lo más importante, que no había llegado a perder la razón.

Oír el extraño esta última palabra y prorrumpir en una estruendosa y terrorífica carcajada fue sintomático. En un estado de exaltación frenética comenzó a gritar: ¡Razón! ¡Razón! ¡Claro, esa era la palabra perdida!

Había recuperado finalmente la palabra olvidada, pero simultáneamente había perdido la razón… Y desperté con la sensación de haber tenido una pesadilla.

 

Juventud y vejez

 

Finalizado el almuerzo, un anciano fue a echar una siesta, como era su costumbre, debajo del olmo. Un par de horas después despertó inquieto. Había tenido un extraño sueño. En ese sueño él era un anciano que se encontraba asimismo frente a frente, pero con sesenta años menos. Se veía al igual que en un espejo pero joven. Lo observó con ojo crítico. El joven, que era él, sonreía con un rostro altanero, engreído y nada agraciado. Todo lo contrario de lo que había pensado cuando él era joven y se veía en un espejo. Luego la imagen se desdibujó y desapareció. Fue cuando despertó.

Se levantó de la reposera, donde había dormido su siesta, y pensando que un sueño es un sueño, continuó con la poda de unos árboles, que venía haciendo desde la mañana.

Por la noche, mientras cenaba vino a su memoria, ignorando el por qué, un hecho ocurrido cuando era muy joven. Recordaba que se encontró con un viejo cuyos rasgos, ahora sorprendido caía en la cuenta, se parecía a él. Aquel anciano, achacoso, le pareció desconfiado. En ese momento salió de su recuerdo al oír la voz de su nieto y se puso a jugar con él, dejando de lado sus recuerdos.

Al día siguiente, mientras amontonaba las hojas secas, volvió a recordar el sueño y ese fugaz momento de su juventud. Pero no supo diferenciar cual había sido el sueño, y cual la realidad. Aceptó al final que ambos, sueño y realidad, era una jugada de su imaginación senil.

La clase media tilinga

Saturday, October 4th, 2008

“Tilinga” es una palabra que actualmente no se usa popularmente. El diccionario de la Lengua Española, editado por la Real Academia define este adjetivo así: “Dícese de la persona insustancial, que dice tonterías y suele comportarse con afectación.” Se usaba más en forma despectiva.

En esencia, la definición del diccionario, (excluyendo el acento despectivo), tilingo es la palabra que mejor define a una mayoría de la clase media argentina. Gran parte de ella posee una personalidad frívola, actúa con hipocresía y se comporta con cursilería. Clase social acomplejada, su mirada está atenta en copiar todo el descarte que le vende los EE. UU.

Pero no copian las cosas serias de ese maravilloso y gran país del norte, sino las estupideces. Empezando por denominar las cosas en inglés y copiando estilos de vida que no se ajustan a nuestra idiosincrasia. Dicen fastfood por bar; shopping en vez de centro comercial, o galería (como se decia antes); dicen compac disk por disco compacto; los negocios no entregan a domicilio pero sí ofrecen delivery. Es mejor decir show room a decir exposición; by pass que derivación; stand by por suspenso, paralizado o intervalo; e-mail por correo-e. El café o el cigarrillo o las comidas pueden ser ligth, jamás liviano o suave. Los productos dietéticos no son tales si no son diet. Los negocios no hacen descuento pero sí 20% off o sale.Y la lista es larga. Lo paradójico que la mayoría de la clase media no sabe inglés y, en muchos casos, no tienen idea clara de lo que realmente significa si tomaran la palabra foránea aisladamente.

Este tilingo va al cine, solo a ver películas norteamericanas y cuanto mas sangre, efectos especiales y sexo chabacano tenga mejor. ¿Arte? El único arte que conoce se refiere a saber comer dentro del cine pop corn (¡por Dios, que no sean pochoclos!) imitando a esa clase media estúpida que también existe en los EE. UU.

Los hombres y mujeres de clase media tilinga no pueden vivir sin su celular (misteriosamente este adminículo se salvo de ser llamado cellular). Para las mujeres es el símbolo fálico al que se aferran mas que a sus maridos, o novios. No pueden estar mas de diez minutos sin llamar a alguien para preguntarle por cosas estúpidas y sin sustancia. Los hombres no se quedan atrás. Necesitan hablar en voz alta, preferentemente en lugares cerrados, para que todos lo escuchen, y nos enteremos de las estupideces que dicen, aunque crea todo lo contrario. Ese aparatito, útil, no cabe duda, en manos educadas y responsables es una herramienta de trabajo, pero en manos de la clase media tilinga es un icono de su pseudo importancia; quieren que lo identifiquen con el hombre que toma grandes decisiones, aunque sea un pelagatos.

El tilingo de clase media es experto en la teoría de las conspiraciones. Sabe con seguridad que al país le va mal por tal o cual empresa extranjera, o por que los EE. UU. no quiere que prosperemos, o detrás de todos nuestros males está la sinarquia internacional tratando de quedarse con la Patagonia.

La mayoría de los intelectuales, y aquellos que sin ser intelectuales tienen un alto grado de sentido común reconocen que este país no fue gobernado eficientemente (No hay que ser un genio para darse cuenta): Los militares con su mentalidad retrograda, obcecada y, en algunos casos, fundamentalista fueron un fracaso estrepitoso; los peronistas oportunistas y hechos en la cultura del facilísimo y la corrupción, otro fracaso; los radicales miopes, burocratas, especialistas en política de comité hicieron su aporte al fracaso. ¿Pero quién los apoyó y alentó? No fueron los obreros ni la clase media responsable y trabajadora, sino una tilinga clase media que es mayoría en el país, que vota buscando el político que menos esfuerzo le exigía, que menos responsabilidad tenga que asumir.

¿Quién inventó la “viveza criolla” ese hijo degenerado de la sana “picardía criolla” sino la clase media tilinga: El mejor exponente, representante, de la clase media tilinga lo describió el genial artista Dante Quinterno con su Isidoro Cañones; irresponsable, hipócrita, oportunista, cobarde; jugador empedernido dilapilador de la fortuna de su tío, con las mismas artes que la clase media tilinga juega el futuro del país.

Mucha gente le gusta vivir en casas, tener su jardín propio; estar en contacto con la naturaleza. Los barrios cerrados ofrecen además en estos tiempos una cierta seguridad. Quienes optan por vivir en un barrio cerrado buscan una calidad de vida distinta. Pero es también lugar elegido por una considerable masa de tilingos. No buscan lo mismo. Está de moda y por eso viven en barrios cerrados a los que llaman country club. Ninguno de ellos se atreve a decir “barrio cerrado”, para ellos es una categoría menor.

La gente que vive fuera de estos country define a quienes viven adentro como los que se creen “nuevos ricos” A las mujeres les dicen “rubias teñidas”. Todas quieren ser rubias, pero también designa a una mentalidad tilinga por naturaleza. Este grupo de tilingos transforma muchas veces en un infierno la vida de los pacíficos habitantes. Son absolutamente irresponsables en la educación de sus hijos que, sin freno y limites, son arrogantes, abusivos, destructivos. Los padres dan el ejemplo: manejan sus automóviles sin acatar normas de seguridad y de tránsito. No les importa respetarlas; con total descaro estaciona al lado de un cartel que dice “prohibido estacionar”

¿Hace falta algo más para definir a un argentino tilingo?

13/11/2003

San Martín y el Che

Monday, September 22nd, 2008

¿Por qué los jóvenes prefieren exaltar la figura del Che a la de San Martín?

La respuesta más común sería que el primero es el tiempo presente, es aún actualidad. En tanto San Martín es pretérito. Su misión ya fue concretada, sus ideas, en nuestro tiempo, ya son caducas (?). Lo cual es un error, como lo veremos mas adelante.

San Martín encarna la libertad del hombre por encima de su ideología. No importa si el sistema es una república o una monarquía. Lo que importa es que el hombre sea libre en cualquier régimen.

En tanto en el Che es la ideología la que dará la libertad.

San Martín es un hombre de ideales racionales, de método. En tanto el Che es un romántico, un bohemio. Un idealista puro.

Analicemos sucinta sus trayectorias: San Martín, es un militar de carrera. Aprende la dura vida militar, y participa en combates. Ingresa a la edad de once años al regimiento de Murcia. A los doce años ya peleaba contra los moros en África. Y los moros, sin duda, serían más duros y bravos que los “Boinas Verdes”. En 1808, con diecinueve años combatiendo lucha contra la invasión napoleonica. Asciende a teniente coronel en Bailen.

En la guarnición en Cadiz, en 1809 tomará contacto con camaradas nacidos, como él, en América y las ideas de independencia americana. Poco tiempo después es iniciado en una logia masónica: Los caballeros racionarios y abraza la causa de la emancipación americana.

En cuanto al Che, éste se recibe de médico, y se lanza a una aventura en motocicleta. Recorre America. Sensibilizado por la pobreza de la América hispánica, se pliega en a la revolución en Guatemala, que no le va bien. Mas tarde, en México se une a un grupo de exilados cubanos y parte para Cuba. En su desembarco en 1956 recibe su bautismo de fuego. Tres años después, 1959, los revolucionarios cubanos entran triunfantes en La Habana.

Ambas personalidades coinciden en su honestidad, austeridad y profunda convicción en sus ideas. Nada más. Sus metodologías para llevar a cabo sus ideales son distintas; el comportamiento social diferente.

San Martín prepara su campaña libertadora sin dejar nada al azar. Planifica concienzudamente, meticulosamente, su camino hasta Perú. El Che va a Bolivia a liberar un pueblo como si fuese una aventura. Ni siquiera se detiene a compenetrarse en las tradiciones milenarias de ese pueblo mayoritariamente Aymaras que ignora a Marx, Lenin, o qué es ser trotskista.

En San Martín hay una rigidez moral, fuera de toda ideología. En el Che, la moral está subordinada a su ideología. El primero no concibe que el fin justifique los medios. En tanto para el segundo todos los medios son lícitos para llegar al fin. Uno admite el disenso, el otro lo excluye.

Mientras uno dona bibliotecas, por considerar que un pueblo ilustrado tiene mayores oportunidades. El otro se pone a la par de los campesinos a levantar la zafra. Para éste está primero el triunfo de la producción comunitaria que dará bienestar al pueblo. Para San Martín el triunfo de la revolución dará hombres libres para decidir su destino.

El Che deja como herencia su doctrina política. San Martín deja un concepto moral: La libertad de pensamiento por encima de las ideologías.

Citando a Ortega y Gasset, el joven que no busca la verdad a los treinta se le parará la inteligencia.

Buscará un arquetipo que piense por él. Se dejará convencer por el caudillo. Él actuara y se comportará como su arquetipo se lo dicte. Sin cuestionar; sin autocrítica.

Sus ideales serán como la religión: Una fe que no se basa en la razón. En religión están los que basan su fe con inteligencia: Por ejemplo Tomás de Aquino. Y están los que excluyen la inteligencia para tener fe. Por ejemplo: Torquemada.

Para estos jóvenes, que han perdido la inteligencia su ideología a la que adhieren se convierte en una religión. En una fe ciega.

Sospecho que la mayoría de quienes hacen ostensible la imagen del Che en sus remeras, o tatuajes, (como un famoso deportista farandulero) jamás intentaran llevar una vida austera como la que ha llevado Guevara. Menos internarse en la selva, sufrir privaciones, y morir por su ideal. Mas dificil aún sostener el pensamiento del Libertador.

Trenes eléctricos

Friday, September 19th, 2008

El verdadero progreso es el que pone la tecnología al alcance de todos

Henry Ford

 

En 1916 Europa estaba desgarrándose en una guerra atroz. Canadá y Australia, alejadas de la conflagración, (aunque participaban en esa guerra por ser dominios de la Gran Bretaña), eran modestas naciones agrícolas. Japón aún no había salido del feudalismo. Y la Argentina de ese año inauguraba una línea de trenes eléctricos Retiro-Tigre. La versión, en aquella época, del tren bala de hoy. Los primeros eran carrozados en madera y para 1931 de carrozado metálico. En ese año se electrificaron los ramales J.L. Suárez y Tigre Delta

Pero antes, en 1923, se inauguraba en el Ferrocarril del Oeste, un ramal eléctrico a Moreno. En este último difícilmente se pueda entender la magna obra de ingeniería que significó la construcción bajo tierra de la estación “Plaza Miserere” y la salida del túnel a la altura de la calle José María Moreno.

Tampoco es imaginable que esos trenes de alta tecnología, y comodidad para los pasajeros, llegaran a lugares desiertos. La población de la Argentina en 1916 era de ocho millones de habitantes. Si alguien se molesta en ver un viejo mapa de 1940, cuando la población llegaba casi al doble, se sorprendería al advertir que el pueblo de Moreno prácticamente era una isla en el medio del desierto pampeano. Y, camino a Tigre, por el mismo año, la hoy abarrotada Gral. Paz, no existía. Solo era un camino solitario de tierra. Más allá, como en el oeste, campo y pequeños pueblos desperdigados. Y nosotros gozábamos de un moderno ferrocarril de alta tecnología llamados Metropolitan Vickers: Lo que hoy llamaríamos un tren TGV francés. ¡Pavada de Argentina teníamos entonces!.

Los coches se dividían en primera y segunda clase. Los de primera clase sus asientos estaban tapizados en cuero (sí, en cuero, no en plástico barato); ventiladores de techo en bronce, y luces con finas tulipas. Los coches de segunda sus asientos eran de madera, y los ventiladores y luces más modestos, pero de superior calidad de los actuales de “clase única”. Y puedo afirmar que una familia, indistintamente de su clase social, podía hacer un viaje en primera sin restricciones. Así, humildes obreros se daban el lujo de ir de pic-nic al Tigre en primera clase.

En tanto Scalabrini Ortiz y Arturo Jaureche despotricaban contra el colonialismo inglés, el tratado Roca-Runciman, y los negocios millonarios de la oligarquía con los ingleses. Razones no le faltaban, pero en el balance del debe y el haber solo se centraron en una columna y despreciaron la tecnología que se incorporaba al país, y que con los ferrocarriles se venía aportando desde 1857. Ésta había sido mecánica hasta incorporación de los Vickers.

Pero mientras ambos forjistas denunciaban los excesos, que los había, una masa silenciosa, principalmente de inmigrantes, se incorporaba a los ferrocarriles. Estos aprendieron y se especializaron en distintas artes y oficios que luego aplicaron a otras industrias, formando pequeñas empresas. Es así que para el mantenimiento de los trenes eléctricos hubo que importar técnicos ingleses, ya que no había en el país mano de obra capacitada. Esos técnicos formaron obreros que, con el tiempo, se convirtieron a su vez en técnicos, hicieron escuela y formaron técnicos argentinos de primer nivel.

Para comprender esto mejor señalar una cita de José Ingenieros (Las Fuerzas Morales): El perfeccionamiento de la capacidad técnica convertirá a todo oficio en un arte y todo trabajador aspirará a ser un artista en su profesión. Al principio se educará para el trabajo no especializado, estimulando la agudeza de ingenio y la habilidad manual; antes de aprender un arte es necesario adquirir el hábito del esfuerzo, que después se aplicará al desarrollo de la vocación

Ahora se anunció con bombos y platillos la electrificación integral del ferrocarril Roca. De ser cierto ocurrirá a casi un siglo de la primera electrificación de un ferrocarril. Quién sabe si junto con el aporte de la nueva tecnología se aporte las metodologías y costumbres usadas por los ya desaparecidos ferrocarrileros: Vagones limpios, estaciones cuidadas, puntualidad de horarios, mantenimiento impecable del sistema ferroviario. ¡Hasta los uniformes de los guardas lucían impecables!

Y para cerrar dos anécdotas de aquel tiempo: Si por un accidente entre estaciones se rompía un vidrio de una de las ventanillas del vagón de pasajeros, en la estación siguiente el guarda avisaba a la cuadrilla de reparaciones. Conclusión cuando el tren arribaba a la estación terminal ya la cuadrilla estaba esperándolo con la masilla y un vidrio nuevo que se colocaba en breve tiempo.

Muchos ignoran que los directores del ferrocarril estaban no solo obligados a viajar en tren. Es más, una vez por mes un director debía hacer un viaje largo (Córdoba; Mendoza, etc.) en el compartimiento de la locomotora con el objeto de redactar un informe sobre el estado de las vías, las estaciones, etc.

Hoy los directores llegan a sus despachos en auto, y creo que jamás han subido a un tren.