Archivado en September, 2008

San Martín y el Che

Monday, September 22nd, 2008

¿Por qué los jóvenes prefieren exaltar la figura del Che a la de San Martín?

La respuesta más común sería que el primero es el tiempo presente, es aún actualidad. En tanto San Martín es pretérito. Su misión ya fue concretada, sus ideas, en nuestro tiempo, ya son caducas (?). Lo cual es un error, como lo veremos mas adelante.

San Martín encarna la libertad del hombre por encima de su ideología. No importa si el sistema es una república o una monarquía. Lo que importa es que el hombre sea libre en cualquier régimen.

En tanto en el Che es la ideología la que dará la libertad.

San Martín es un hombre de ideales racionales, de método. En tanto el Che es un romántico, un bohemio. Un idealista puro.

Analicemos sucinta sus trayectorias: San Martín, es un militar de carrera. Aprende la dura vida militar, y participa en combates. Ingresa a la edad de once años al regimiento de Murcia. A los doce años ya peleaba contra los moros en África. Y los moros, sin duda, serían más duros y bravos que los “Boinas Verdes”. En 1808, con diecinueve años combatiendo lucha contra la invasión napoleonica. Asciende a teniente coronel en Bailen.

En la guarnición en Cadiz, en 1809 tomará contacto con camaradas nacidos, como él, en América y las ideas de independencia americana. Poco tiempo después es iniciado en una logia masónica: Los caballeros racionarios y abraza la causa de la emancipación americana.

En cuanto al Che, éste se recibe de médico, y se lanza a una aventura en motocicleta. Recorre America. Sensibilizado por la pobreza de la América hispánica, se pliega en a la revolución en Guatemala, que no le va bien. Mas tarde, en México se une a un grupo de exilados cubanos y parte para Cuba. En su desembarco en 1956 recibe su bautismo de fuego. Tres años después, 1959, los revolucionarios cubanos entran triunfantes en La Habana.

Ambas personalidades coinciden en su honestidad, austeridad y profunda convicción en sus ideas. Nada más. Sus metodologías para llevar a cabo sus ideales son distintas; el comportamiento social diferente.

San Martín prepara su campaña libertadora sin dejar nada al azar. Planifica concienzudamente, meticulosamente, su camino hasta Perú. El Che va a Bolivia a liberar un pueblo como si fuese una aventura. Ni siquiera se detiene a compenetrarse en las tradiciones milenarias de ese pueblo mayoritariamente Aymaras que ignora a Marx, Lenin, o qué es ser trotskista.

En San Martín hay una rigidez moral, fuera de toda ideología. En el Che, la moral está subordinada a su ideología. El primero no concibe que el fin justifique los medios. En tanto para el segundo todos los medios son lícitos para llegar al fin. Uno admite el disenso, el otro lo excluye.

Mientras uno dona bibliotecas, por considerar que un pueblo ilustrado tiene mayores oportunidades. El otro se pone a la par de los campesinos a levantar la zafra. Para éste está primero el triunfo de la producción comunitaria que dará bienestar al pueblo. Para San Martín el triunfo de la revolución dará hombres libres para decidir su destino.

El Che deja como herencia su doctrina política. San Martín deja un concepto moral: La libertad de pensamiento por encima de las ideologías.

Citando a Ortega y Gasset, el joven que no busca la verdad a los treinta se le parará la inteligencia.

Buscará un arquetipo que piense por él. Se dejará convencer por el caudillo. Él actuara y se comportará como su arquetipo se lo dicte. Sin cuestionar; sin autocrítica.

Sus ideales serán como la religión: Una fe que no se basa en la razón. En religión están los que basan su fe con inteligencia: Por ejemplo Tomás de Aquino. Y están los que excluyen la inteligencia para tener fe. Por ejemplo: Torquemada.

Para estos jóvenes, que han perdido la inteligencia su ideología a la que adhieren se convierte en una religión. En una fe ciega.

Sospecho que la mayoría de quienes hacen ostensible la imagen del Che en sus remeras, o tatuajes, (como un famoso deportista farandulero) jamás intentaran llevar una vida austera como la que ha llevado Guevara. Menos internarse en la selva, sufrir privaciones, y morir por su ideal. Mas dificil aún sostener el pensamiento del Libertador.

Trenes eléctricos

Friday, September 19th, 2008

El verdadero progreso es el que pone la tecnología al alcance de todos

Henry Ford

 

En 1916 Europa estaba desgarrándose en una guerra atroz. Canadá y Australia, alejadas de la conflagración, (aunque participaban en esa guerra por ser dominios de la Gran Bretaña), eran modestas naciones agrícolas. Japón aún no había salido del feudalismo. Y la Argentina de ese año inauguraba una línea de trenes eléctricos Retiro-Tigre. La versión, en aquella época, del tren bala de hoy. Los primeros eran carrozados en madera y para 1931 de carrozado metálico. En ese año se electrificaron los ramales J.L. Suárez y Tigre Delta

Pero antes, en 1923, se inauguraba en el Ferrocarril del Oeste, un ramal eléctrico a Moreno. En este último difícilmente se pueda entender la magna obra de ingeniería que significó la construcción bajo tierra de la estación “Plaza Miserere” y la salida del túnel a la altura de la calle José María Moreno.

Tampoco es imaginable que esos trenes de alta tecnología, y comodidad para los pasajeros, llegaran a lugares desiertos. La población de la Argentina en 1916 era de ocho millones de habitantes. Si alguien se molesta en ver un viejo mapa de 1940, cuando la población llegaba casi al doble, se sorprendería al advertir que el pueblo de Moreno prácticamente era una isla en el medio del desierto pampeano. Y, camino a Tigre, por el mismo año, la hoy abarrotada Gral. Paz, no existía. Solo era un camino solitario de tierra. Más allá, como en el oeste, campo y pequeños pueblos desperdigados. Y nosotros gozábamos de un moderno ferrocarril de alta tecnología llamados Metropolitan Vickers: Lo que hoy llamaríamos un tren TGV francés. ¡Pavada de Argentina teníamos entonces!.

Los coches se dividían en primera y segunda clase. Los de primera clase sus asientos estaban tapizados en cuero (sí, en cuero, no en plástico barato); ventiladores de techo en bronce, y luces con finas tulipas. Los coches de segunda sus asientos eran de madera, y los ventiladores y luces más modestos, pero de superior calidad de los actuales de “clase única”. Y puedo afirmar que una familia, indistintamente de su clase social, podía hacer un viaje en primera sin restricciones. Así, humildes obreros se daban el lujo de ir de pic-nic al Tigre en primera clase.

En tanto Scalabrini Ortiz y Arturo Jaureche despotricaban contra el colonialismo inglés, el tratado Roca-Runciman, y los negocios millonarios de la oligarquía con los ingleses. Razones no le faltaban, pero en el balance del debe y el haber solo se centraron en una columna y despreciaron la tecnología que se incorporaba al país, y que con los ferrocarriles se venía aportando desde 1857. Ésta había sido mecánica hasta incorporación de los Vickers.

Pero mientras ambos forjistas denunciaban los excesos, que los había, una masa silenciosa, principalmente de inmigrantes, se incorporaba a los ferrocarriles. Estos aprendieron y se especializaron en distintas artes y oficios que luego aplicaron a otras industrias, formando pequeñas empresas. Es así que para el mantenimiento de los trenes eléctricos hubo que importar técnicos ingleses, ya que no había en el país mano de obra capacitada. Esos técnicos formaron obreros que, con el tiempo, se convirtieron a su vez en técnicos, hicieron escuela y formaron técnicos argentinos de primer nivel.

Para comprender esto mejor señalar una cita de José Ingenieros (Las Fuerzas Morales): El perfeccionamiento de la capacidad técnica convertirá a todo oficio en un arte y todo trabajador aspirará a ser un artista en su profesión. Al principio se educará para el trabajo no especializado, estimulando la agudeza de ingenio y la habilidad manual; antes de aprender un arte es necesario adquirir el hábito del esfuerzo, que después se aplicará al desarrollo de la vocación

Ahora se anunció con bombos y platillos la electrificación integral del ferrocarril Roca. De ser cierto ocurrirá a casi un siglo de la primera electrificación de un ferrocarril. Quién sabe si junto con el aporte de la nueva tecnología se aporte las metodologías y costumbres usadas por los ya desaparecidos ferrocarrileros: Vagones limpios, estaciones cuidadas, puntualidad de horarios, mantenimiento impecable del sistema ferroviario. ¡Hasta los uniformes de los guardas lucían impecables!

Y para cerrar dos anécdotas de aquel tiempo: Si por un accidente entre estaciones se rompía un vidrio de una de las ventanillas del vagón de pasajeros, en la estación siguiente el guarda avisaba a la cuadrilla de reparaciones. Conclusión cuando el tren arribaba a la estación terminal ya la cuadrilla estaba esperándolo con la masilla y un vidrio nuevo que se colocaba en breve tiempo.

Muchos ignoran que los directores del ferrocarril estaban no solo obligados a viajar en tren. Es más, una vez por mes un director debía hacer un viaje largo (Córdoba; Mendoza, etc.) en el compartimiento de la locomotora con el objeto de redactar un informe sobre el estado de las vías, las estaciones, etc.

Hoy los directores llegan a sus despachos en auto, y creo que jamás han subido a un tren.