Archivado en May, 2015

Nacemos para morir…

Sunday, May 24th, 2015

He oído decir que nacemos para morir. Y que la muerte es apenas una frontera delgada que se cruza en una fracción de segundos, y sin regreso[1].

Pero entre ambos extremos, la vida y la muerte, hay un camino que parece muy largo cuando se comienza, y advierte que es muy corto cuando finaliza. Es un viaje que debemos recorrer para llegar a nuestro fin. Desde luego nadie tiene apuro en recorrerlo.

Es un viaje interior y exterior. El interior es más arduo. Nuestro viaje puede ser una simple caminata con anteojeras, lo mismo con una venda, también a la manera del siglo XXI con auriculares prendido a nuestro Smartphone. O podemos hacerlo con los sentidos abiertos a lo que nos rodea. En este estado el camino exterior atrapará todo lo que nos rodea y que nuestra senda interior analizará y guardará en el archivo de nuestra memoria para ser usado en todo momento a lo largo de nuestro viaje. Cuanto más rica sean nuestras vivencias a lo largo del recorrido, más rico y placentero será nuestro viaje. Más aprendemos, menos errores cometemos durante el recorrido. Unas frases inscriptas en el portal de una iglesia de Baltimore nos guiará en el viaje: Anda plácidamente entre el ruido/ y la prisa, y recuerda que paz puede haber en el silencio… /y mantén en la ruidosa confusión paz con tu alma…[2]

Al final del viaje quizás nos preguntemos: ¿De qué ha servido este viaje si hemos venido al mundo desnudos y lo dejamos de igual modo? No lo sé. Pero así como los filosofos dicen que la materia no perece sino que se transforma en millones de átomos que forman una nueva materia. Así nuestra experiencia del viaje enriquecerá a los que vienen detrás.

Y para cerrar permítanme señalar que un loco que llamaban socarronamente El caballero de la Triste Figura en el siglo XVII hizo tres viajes por Extremadura y cuyos ecos aún se oyen en nuestro tiempo. Decía el escudero del hidalgo de cabeza en las nubes que en el viaje es como el juego de ajedrez, mientras dura el juego cada pieza tiene su particular desplazamiento. Pero que acabando el juego todas las piezas se mezclan y se guardan en una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura.[3]

 

[1] Selena Miller, citado en Cervantes siglo XXI, La Nación, 23/05/2015

[2] Max Ehrmann; iglesia de Saint Paul, Baltimore, U.S.A.

[3] Don Quijote de la Mancha, segunda parte, cap. XII

La inteligencia

Tuesday, May 5th, 2015

Supongamos que Dios sea un empresario especializado en programación. En busca de la excelencia arma un programa binario al que denomina Adán. Este programa tiene por función catalogar y dar nombre a todo lo creado[i] . Adán cumple a la perfección. Más tarde para preservar esto datos e intercambiar información desarrolla un segundo programa que llama Eva[ii]. Luego se olvida de su creación ocupado en otros menesteres.  En tanto uno de colaboradores, llamado Luzbel[iii], el más inteligente de sus empleados decide independizarse. Entonces desarrolla un programa, ya no binario sino analógico.  A este programa decide llamarlo Manzana. Luego aprovechando los programas Adán y Eva, que Dios los tiene olvidados, trata de cargarlo en los mismos. Como no puede ingresar puesto que ambos programas están protegidos por una contraseña desarrolla un virus llamado Serpiente[iv]. Una vez ingresado carga el programa y una serie de aplicaciones que llama Ventanas para uso en distintos servicios. Con ello a creado un programa mejor que el de Dios.

A todo esto enterado Dios que su empleado se corta solo lo despide con cajas destempladas. Pero ya es tarde el programa de Luzbel se multiplica en forma exponencial.

Ahora entremos en la realidad.[v] En 1992 Marvin Minsky, un científico del MIT, declaró que las computadoras se volverán cada vez más inteligentes que los seres humanos. Concluyó que para 2034 las máquinas podrán pensar y comenzar a programarse a sí mismo. Y remató: Si la humanidad  no quiere que las máquinas desarrollen inteligencia, debería decidirse y desenchufarlas ahora. Le siguió Stephen Hawking, que dijo: “La IA puede ser el peor error que podría cometer la humanidad, y probablemente el último“. Por su parte Bill Gates opinó: “Yo estoy en el bando de los que están preocupados por la superinteligencia. Primero, las máquinas harán un montón de trabajo para nosotros y no serán superinteligentes. Eso será positivo si lo gestionamos bien. Unas décadas después, la inteligencia artificial será lo suficientemente fuerte como para ser una preocupación”.  Y su competidor en el mundo de la computacinó, Steve Wozniak de Apple, declaró en una entrevista: “Las computadoras van a rebasar a los seres humanos, no hay duda […] el futuro es aterrador, es muy malo para las personas”. Despues Elon Musk, creador de Paypal, Tesla Motors y SpaceX, tuiteó: ” Necesitamos ser supercuidadosos con la IA. Potencialmente es más peligrosa que las armas nucleares”.

Por último Kim Eric Drexler, experto en nanotecnología describe una hipotética situación de descontrol donde máquinas de tamaño molecular se autorreplican hasta acabar con toda la vida en la Tierra. En el primer momento un replicador crea a otro en 1000 segundos. Luego, el segundo crea a otro replicador también en 1000 segundos, mientras el primero vuelve a su vez a crear a otro. Después de 10 horas de esta secuencia, hay más de 68.000 millones. En dos días los replicadores pesan más que el propio planeta.

Drexler llamó a esta destructiva masa de nanorobots “Grey Goo” (plaga gris). En los temores que despierta la inteligencia artificial, existe un factor similar a la autorreplicación de la plaga gris: el riesgo de crear algo que no podamos detener y nos destruya. Al parecer, los humanos podemos inventar cualquier cosa y sobrevivir, hasta bombas atómicas. Lo que no podemos es crear algo que tenga el deseo de existir, una voluntad.

Por último me pregunto lo siguiente: ¿No será peligroso que nosotros, los humanos, busquemos ser super inteligentes?  Y como consecuencia de ello nos autodestruyamos? Sólo es necesario ver que el hombre ha creado a través de los siglos armas destructivas cada vez más eficientes en sus objetivos de destruir al prójimo.

Estudios neurológicos concuerdan que nuestro cerebro ocupa no más del el 20% de su capacidad. Duplicarlo en teoría nos llevaría a la propia autodestrucción. Recomiendo ver la película Lucy.

Lucy[vi] es una joven estadounidense a la que su novio engaña para que entregue en su nombre un maletín. Lo que Lucy no sabe es qué contiene ese maletín ni que su receptor es un mafioso coreano que pretende introducir una nueva droga en el mercado europeo y americano: CPH4. Esta sustancia genera durante el embarazo el rápido crecimiento de los huesos y músculos del bebé. Lucy es retenida y le introducen en su abdomen una bolsa con dicha droga. Lucy es golpeada por uno de sus captores y la bolsa con droga se rompe, esparciéndose por todo su cuerpo y cambiándola para siempre. De repente, es capaz de utilizar el 40% de su actividad cerebral. Es decir, es capaz de hablar y escribir chino aprender todo tipo de artes marciales o recordar los olores de sus primeros días de vida. Una vez que logra escapar del lugar donde estaba retenida, Lucy acude a un hospital para que le extraigan la bolsa de su interior. Esto no es posible. En tanto  el porcentaje que utiliza Lucy de su actividad cerebral supera ya el 60% y es capaz de incapacitar telepáticamente tanto a la policía como a los mafiosos que la persiguen. Finalmente, luego de varios contratiempos logra reunirse con un científico conocedor del tema. En su laboratorio. Lucy les informa de todo lo que sabe.

Mientras conversa con el científico sobre los orígenes del tiempo y de la vida y sobre cómo la gente distorsiona la realidad, Lucy le pide al científico para que le inyecten las cuatro bolsas con la droga por vía intravenenosa para lograr utilizar el 100% de su capacidad cerebral. Cuando eso suceda, les entregará toda la información para que puedan investigarla. Porque cuando eso suceda, Lucy morirá. Como consecuencia, su cuerpo entra en una metamorfosis en la que va tranformándose en una materia oscura que se expande por el laboratorio en busca de todo tipo de energía: Lucy la está absorbiendo para construir un objeto capaz de almacenar toda su información. En este proceso, la protagonista adquiere la facultad de viajar físicamente en el espacio tiempo, con lo que retrocede miles y luego millones de años, hasta encontrarse cara a cara con la primera Lucy: el primer homo sapiens sobre la faz de la tierra del que se tiene conocimiento y que fue nombrado al principio de la película. Su viaje sigue hasta llegar Big Bang al mismo tiempo que alcanza el 100% del uso de su cerebro.

En este momento entra en escena  un personaje que le dispara. Sin embargo, su intento por acabar con ella resulta vano cuando en el universo real desaparece en el espacio-tiempo dejando solo la ropa. En tanto el científico ve cómo el cuerpo de Lucy se ha transformado en una especie de figura monolítica enorme que sostiene un pendrive antes de desvanecerse completamente. Cuando los demás preguntan por ella, recibe un mensaje en el que lee: Estoy en todas partes.

[i] Génesis 2:10

[ii] Génesis 3:20

[iii] Isaías 14:12

[iv] Génesis 3:1

[v] En cursiva recopilado de un artículo de La Nación, 03/05/2015, secc. Enfoques, por Julian Gallo, titulado “El triunfo de la voluntad”. No será peligroso que nosotros, los humanos, busquemos ser super inteligentes

[vi] Resumen de Wikipendia