EN EL CAFÉ DE LA JUVENTUD PERDIDA – Patrick Modiano

  • Siempre he creído que hay lugares que son imanes y te atraen si pasas por las inmediaciones. Y eso de forma imperceptible, sin que te lo malicies siquiera. Basta con una calle en cuesta, con una acera al sol, o con una acera a la sombra. O con un chaparrón. Y te llevan a ese lugar, al punto preciso en el que debías encallar. Me parece que Le Condé, por el sitio en que estaba, tenía ese poder magnético y que, si hiciéramos un cálculo de probabilidades, el resultado lo confirmaría: en un perímetro bastante amplio, era inevitable derivar hacia él.
  • Vivimos a merced de ciertos silencios.
  • Con el paso de los años, muchas personas y muchas cosas acaban por parecernos tan cómicas e irrisorias que las miramos con ojos de niño.
  • Lo primero es fijar del modo más exacto posible los itinerarios de las personas, para entenderlas mejor.
  • En esa vida que, a veces, nos parece como un gran solar sin postes indicadores, en medio de todas las líneas de fuga y de los horizontes perdidos, nos gustaría dar con puntos de referencia, hacer algo así como un catastro para no tener ya esa impresión de navegar a la aventura. Y entonces creamos vínculos, intentamos que sean más estables los encuentros azarosos.

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