El alfabeto de la Naturaleza, según Thomas Mann

El dibujo que más preocupaba a Jonathan se encontraba grabado en rojo oscuro, sobre el fondo blanco de la concha de un molusco de Nueva Caledonia, de mediano tamaño. Los caracteres, como trazados con pincel, formaban un ornamento lineal en las proximidades del borde, pero en la mayor parte de la abovedada superficie ofrecían la cuidadosa complicación que es propio de ciertos signos alfabéticos, y me recordaban, con acusada semejanza, los perfiles del viejo alfabeto arameo.

“Ha quedado demostrado -nos decía – la imposibilidad de descubrir el sentido de estos signos. Así es por desgracia, hijos míos, Escapan estos signos a nuestra comprensión y así será siempre, por muy sensibleque ello sea. Digo que escapan para indicar que no se revelan y nada más. Nadie me hará creer, en efecto, que estos signos, de los cuales no poseemos la clave, los ha grabado la naturaleza en esta venera con un propósito exclusivamente ornamental. Signo y significado han seguido siempre una marcha paralela, y los viejos manuscritos eran, a la vez obras de arte y medios de comunicación. Que nadie me diga que esos signos no contienen un mensaje. Si a él nos está vedado el acceso, el placer de recrearse en esta contradicción tiene también su encanto.”

¿Cómo no se le ocurría a Jonathan pensar que si, en efecto, se hubiese tratado de un alfabeto misterioso, ello había significado que la naturaleza disponía de una lengua propia, nacida de su seno? De otro modo ¿Cuál de las lenguas de humana invención hubiese debido elegir para expresarse? Ya entonces, en mi mocedad, me daba clara cuenta de que la naturaleza extrahumana es analfabeta por esencia, y era por consiguiente muy viva la desconfianza que me inspiraba.

Leverkühn padre era, sin duda, un especulador y un adivino, y ya he tenido ocasión de decir que su tendencia a la investigación… se inclinaba siempre hacia una orientación intuitiva, semimística, inseparable por otra parte, me parece a mí, del pensamiento humano cuando éste se siente atraído por las cosas de la Naturaleza. Ya de por sí, la atrevida empresa de investigar lo natural, de suscitar sus fenómenos, de tentar la naturaleza con experimentos que pone al descubierto sus modos de hacer, todo esto era, en tiempos pretéritos, considerado como cosa de hechicería y obra misma del “Tentador”

Doktor Fausto

Thomas Mann

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