San Martín y el Che

¿Por qué los jóvenes prefieren exaltar la figura del Che a la de San Martín?

La respuesta más común sería que el primero es el tiempo presente, es aún actualidad. En tanto San Martín es pretérito. Su misión ya fue concretada, sus ideas, en nuestro tiempo, ya son caducas (?). Lo cual es un error, como lo veremos mas adelante.

San Martín encarna la libertad del hombre por encima de su ideología. No importa si el sistema es una república o una monarquía. Lo que importa es que el hombre sea libre en cualquier régimen.

En tanto en el Che es la ideología la que dará la libertad.

San Martín es un hombre de ideales racionales, de método. En tanto el Che es un romántico, un bohemio. Un idealista puro.

Analicemos sucinta sus trayectorias: San Martín, es un militar de carrera. Aprende la dura vida militar, y participa en combates. Ingresa a la edad de once años al regimiento de Murcia. A los doce años ya peleaba contra los moros en África. Y los moros, sin duda, serían más duros y bravos que los “Boinas Verdes”. En 1808, con diecinueve años combatiendo lucha contra la invasión napoleonica. Asciende a teniente coronel en Bailen.

En la guarnición en Cadiz, en 1809 tomará contacto con camaradas nacidos, como él, en América y las ideas de independencia americana. Poco tiempo después es iniciado en una logia masónica: Los caballeros racionarios y abraza la causa de la emancipación americana.

En cuanto al Che, éste se recibe de médico, y se lanza a una aventura en motocicleta. Recorre America. Sensibilizado por la pobreza de la América hispánica, se pliega en a la revolución en Guatemala, que no le va bien. Mas tarde, en México se une a un grupo de exilados cubanos y parte para Cuba. En su desembarco en 1956 recibe su bautismo de fuego. Tres años después, 1959, los revolucionarios cubanos entran triunfantes en La Habana.

Ambas personalidades coinciden en su honestidad, austeridad y profunda convicción en sus ideas. Nada más. Sus metodologías para llevar a cabo sus ideales son distintas; el comportamiento social diferente.

San Martín prepara su campaña libertadora sin dejar nada al azar. Planifica concienzudamente, meticulosamente, su camino hasta Perú. El Che va a Bolivia a liberar un pueblo como si fuese una aventura. Ni siquiera se detiene a compenetrarse en las tradiciones milenarias de ese pueblo mayoritariamente Aymaras que ignora a Marx, Lenin, o qué es ser trotskista.

En San Martín hay una rigidez moral, fuera de toda ideología. En el Che, la moral está subordinada a su ideología. El primero no concibe que el fin justifique los medios. En tanto para el segundo todos los medios son lícitos para llegar al fin. Uno admite el disenso, el otro lo excluye.

Mientras uno dona bibliotecas, por considerar que un pueblo ilustrado tiene mayores oportunidades. El otro se pone a la par de los campesinos a levantar la zafra. Para éste está primero el triunfo de la producción comunitaria que dará bienestar al pueblo. Para San Martín el triunfo de la revolución dará hombres libres para decidir su destino.

El Che deja como herencia su doctrina política. San Martín deja un concepto moral: La libertad de pensamiento por encima de las ideologías.

Citando a Ortega y Gasset, el joven que no busca la verdad a los treinta se le parará la inteligencia.

Buscará un arquetipo que piense por él. Se dejará convencer por el caudillo. Él actuara y se comportará como su arquetipo se lo dicte. Sin cuestionar; sin autocrítica.

Sus ideales serán como la religión: Una fe que no se basa en la razón. En religión están los que basan su fe con inteligencia: Por ejemplo Tomás de Aquino. Y están los que excluyen la inteligencia para tener fe. Por ejemplo: Torquemada.

Para estos jóvenes, que han perdido la inteligencia su ideología a la que adhieren se convierte en una religión. En una fe ciega.

Sospecho que la mayoría de quienes hacen ostensible la imagen del Che en sus remeras, o tatuajes, (como un famoso deportista farandulero) jamás intentaran llevar una vida austera como la que ha llevado Guevara. Menos internarse en la selva, sufrir privaciones, y morir por su ideal. Mas dificil aún sostener el pensamiento del Libertador.

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