El libro virgen

biblioteca11Ocurre que hay una infinidad de libros que jamás serán leídos. Muchos libros una vez impresos tendrán el triste destino de solo adornar una biblioteca. Apretado entre otros libros lucirá como parte de la decoración.

Pero también hay libros que nunca llegaron a una biblioteca. Perdidos unos, olvidados otros, abandonados los más duermen en un viejo anaquel, o cajón, desafiando el tiempo a la espera de que alguien los lea.

¿Y cuantos libros han quedado sin abrir porque la encuadernación de la tapa no le atrajo al probable lector; a otros porque el título no los sedujo? Y casos hay que se atrevieron a abrir en la primer página y el lector no pasó de las primeras líneas.

¿Qué decir de aquellos que escribieron estos libros? Autores, la mayoría, que deben haber narrado páginas excitantes, y que sin embargo han sido ignorados por no haber sido descubiertos.

Gustavo Adolfo Bécquer supo interpretar con una olvidada arpa el destino de los objetos relegados como aquellos libros que jamás serán leídos a pesar de estar al alcance de nuestra vista.

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!

¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro espera
que le diga «Levántate y anda»!

Haciendo una paráfrasis de éste bello poema diría:

De la biblioteca en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidado,
silencioso y cubierto de polvo,
veíase el libro.

¡Cuántos pensamientos dormían en sus páginas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando unos ojos despiertos
descubran nuevas historias, ideas, sonetos!

¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro espera
que le diga «¡Lee!»mafalda-bibliotecas1