Poesía

En un instante mi corazón dejará de latir.
Ignoro cuándo y cómo ocurrirá
tal misterioso suceso.

En un instante cruzaré la invisible puerta
que separa la vida de la muerte.
Quizá será de un estado de conciencia
a otro estado de conciencia superior.
Pero, ¿qué estado de conciencia?
¿Y qué haré del otro lado?
Quizá mi espíritu viaje sin rumbo
por toda la eternidad. O a la espera
de algo que debería ocurrir…
¿Pero, qué?
Quizá espere volver a mi estado anterior
o en un cuerpo de otro. O que exista
un edén, un infierno y un purgatorio.
O nada…
Como un libro que se quema
solo quedan cenizas,
sin memoria de su contenido.
En unos instantes he de morir,
pero ignoro cuando será ese instante.

Aquí yace un soldado,

Que creyó en símbolos como patria, nación, pueblo…

Estaba convencido en dar su vida por esos valores…

y creyendo en esos valores dio su vida en Malvinas.

Aquí, yace un soldado,

que se puso a las ordenes de un general,

adornado su pecho con medallas de lata

y que dirigía batallas desde un cómodo sillón…

El soldado conoció los horrores de la guerra

mientras el general bebía vinos de honor…

Aquí, yace un soldado,

que aprendió a guerrear rudamente

mientras el general aprendía a usurpar…

El soldado murió por su patria,

mientras el general cultiva un malvón…

Aquí, yace un soldado,

en la húmeda tierra que solo la lluvia riega…

Allá, vive un general,

que ignora como se cultiva el honor de Langsdorff.

En una lápida ruinosa,
resquebrajada, y mohosa;
apenas se puede leer
la siguiente inscripción:

Aquí yace el amor.
Nació con fuego.
Vivió con pasión.
Agonizó por indiferencia.

Pronto esta tumba,
la maleza hará desaparecer.
Nadie, entonces, recordará
que tuvo vida el amor.